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3 marzo, 2026
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Choferes del río: ¿cómo es el negocio de los taxis náuticos?

3 marzo, 2026

El servicio conecta la ciudad con las islas de Entre Ríos. Quiénes manejan en el agua, qué se necesita para entrar al rubro y cómo sobreviven en temporada baja.

Como renacuajos en el agua, los taxi náuticos surcan el río Paraná infinidad de veces al día durante la temporada de verano. Llevan y traen pasajeros a distintos puntos de las islas entrerrianas, por ejemplo, los paradores que están al frente de La Florida, los que se encuentran dentro del área conocida como Paraná Viejo y también los que van a las playas del Banquito San Andrés desde La Fluvial.

El servicio, que conecta la ciudad y las islas, ofrece traslado a quienes buscan pasar el día, acampar, tener unas vacaciones cortas cerca de casa o quieren conocer las profundidades del litoral para pescar, encontrar flores del irupé o ver animales del lugar. Cada taxi-lancha abarca distintas zonas y paradores de trabajo en busca de cubrir la demanda de todo el frente y evitar una competencia desleal. También, desde hace varios años, están agrupados en la Asociación Civil de Taxis Náuticos (ACTANA) para trabajar en conjunto con la Municipalidad de Rosario y la Prefectura Naval Argentina con el fin de garantizar un buen servicio para los pasajeros.

En busca de conocer cómo funciona el rubro, Negocios de La Capital conversó con tres históricos choferes de taxis náuticos que trabajan en distintos puntos de la costa. Estos son Raúl «el Sapito» Bertiche, César «Pepe» Rodrigo y Federico Clérico.

Verdaderos fanáticos del río

Quienes frecuentan los paradores Isla Verde, Club de Río o La Casita D’enfrente, seguro han visto a Raúl «El Sapito» Bertiche bromear desde su lancha con los asistentes mientras hace un simpático oleaje con el motor antes de arrancar. Bronceado y con la marca de los anteojos de sol alrededor de los ojos, es uno de los personajes náuticos más conocidos de la ciudad. Antes de dedicarse a esto, El Sapito tuvo un lavadero de autos y previamente había trabajado en una fábrica que cerró por la crisis de 2001.

Siempre fue un tipo del río: “Casi que nací en el río. Mi abuelo materno fue el primero en tener una casa de material en el Charigüé”, rememora. En alguna de esas tardes en el lavadero de autos, hace 15 años, un amigo suyo que se había dedicado a ser chofer náutico lo convenció de que cambiara de ocupación. Vendió una moto de agua y una embarcación que ya tenía y con eso se compró la lancha mercante, condición primera para el tipo de servicio que tiene ahora.

“Antes de que yo empezara había muchos problemas con las canoas que cruzaban gente a los paradores de forma ilegal. Al parecer, Prefectura frenó todo eso y comenzó a regular el funcionamiento de los taxis náuticos”, explica el Sapito sobre el nacimiento de la actividad. Actualmente, el servicio lo brindan tanto los choferes náuticos como los dueños de paradores que gestionan su propio transporte de pasajeros. Entre todos se distribuyen los diferentes destinos en la zona de las islas y cubren la demanda de los paradores frente a La Florida que no tienen el servicio propio: “La Casita D’enfrente, por ejemplo, no tiene su taxi, entonces yo llevo los pasajeros”, explica el conductor.

César «Pepe» Rodrigo es un ejemplo de quienes tienen su propio parador y, además, brindan el servicio de traslado a otros espacios. “Hace 9 años, compré un terreno y monté Rancho Aparte. Empecé como taxi-lancha para poder traer gente a mi lugar y con el tiempo fui sumando paradores que no tienen su propio taxi”, cuenta Pepe. Él, al igual que el Sapito, le brinda servicio a La Casita D’enfrente y en temporada baja lleva personas a los paradores La Pulpería del Kayakista y Maui.

Desde que tiene 9 años, Pepe frecuenta el río y le gusta remar. De adulto, trabajó durante una década como colectivero pero después de algunos episodios de mucho estrés, el médico le recomendó cambiar de vida. Fue en ese momento cuando decidió destinar sus ahorros a la compra del predio donde hoy tiene Rancho Aparte. Luego sumó la inversión de la lancha mercante para trabajar también ese servicio. “Hacer de taxi-lancha suma un ingreso más a lo que ya genera el parador. En temporada de verano casi no estoy allí, me dedico exclusivamente al transporte de pasajeros. A las 9 de la mañana voy a la ciudad, busco hielo, lo traigo al negocio y desde ese momento hasta las 20, llevo y traigo gente”, comenta Pepe, quien además vive en la isla.

La historia de Federico Clérico también está vinculada al río desde que era muy joven. “Siempre hubo una lancha o un kayak en mi familia, incluso mi hermano fue competidor de remo”, cuenta. Antes de ser taxi lancha tenía un kiosko con cafetería y hace unos 15 años invirtió en un terreno en el Paraná Viejo. Luego, un familiar que ya se dedicaba a la actividad le recomendó sumarse y empezó a trabajar de chofer náutico. “En la pandemia me mudé definitivamente a la isla. Es el mejor lugar para vivir: a media hora de la ciudad, no hay inseguridad ni problemas, es el paraíso”, dice orgulloso de su decisión. A diferencia de sus colegas entrevistados, trabaja el transporte de pasajeros hacia paradores, residencias particulares y cabañas que están dentro del Paraná Viejo.

Qué se necesita para dedicarse al rubro

Los referentes del segmento de taxis náuticos destacan que no se puede llevar adelante la actividad si no se cuenta con una lancha de estilo mercante, el tipo de bote mínimo que exige la Prefectura Naval Argentina. Estos botes tienen capacidad para 10 pasajeros y unos 6 metros de largo, pueden rondar los 50.000 USD si son usados, contemplando el casco y un motor de 115 hp. A esto hay que sumarle un service mensual por el uso intensivo, que contempla cambios de filtros y puede costar entre $300.000 de mano de obra y materiales.

“Si fuese de uso particular, el service se puede hacer una vez al año”, comenta Pepe. Eso sin contemplar desperfectos técnicos que, además de impedir la actividad, generan costos inesperados. “El domingo pasado rompí el motor y llevo gastado $700.000”, agrega el Sapito. Debido al alto uso de estos botes, deben reemplazados cada 10 ó 15 años. Un modelo nuevo ronda los 15.000 USD.

Entre otros gastos que contemplan los navegantes, se encuentra el consumo de nafta. Los fines de semana de la temporada alta, llegan a cargar los tanques hasta dos veces por día. “Cada tanque son alrededor de $80.000. Suelo cargar uno a la mañana y otro a la tarde”, explica el Sapito. Los otros entrevistados coinciden en esta estimación de costos en combustible. Para hacer cuentas completas: el costo del cruce ida y vuelta ronda los $7000 por persona para ir a los paradores enfrentados a La Florida y $10.000 para ir al Paraná Viejo. Fede, por su parte, plantea: “Para resumir, podés ganar un 30% de lo que se invierte, pero solo si vas a lancha llena en cada viaje”.

Otro punto en el que coinciden los tres trabajadores es que la actividad ya no es tan redituable como era antes. “Trabajás bien sábados y domingos, pero en la semana hacés la diaria y a veces perdés plata. Todos los días son más de 12 horas, empezando a las 8 de la mañana y guardando la lancha a las 21”, agrega el Sapito. Fede analiza que el segmento está saturado: “Para trabajar de esto hay que invertir mucho y desde la pandemia bajó la demanda. No somos una secta pero está bastante saturado y tampoco hay nuevos espacios que explotar a los que haya que llevar pasajeros”.

Por último, entre los gastos a tener en cuenta, están los permisos, certificados y elementos obligatorios. “En la lancha sí o sí tenés que tener todos los elementos de seguridad como chalecos, bengalas, matafuegos y luces de emergencia en perfecto estado. Por otro lado, se nos exigen certificados médicos completos, con rigurosos exámenes de la vista, audición y rendimiento físico, entre otros. Eso es anual y sale $50.000”, explica Pepe. A su vez, para realizar la actividad, la Prefectura Naval Argentina les exige contar con libretas de patrón de barco. La mayoría cuenta con una desde que se inició en la actividad, por lo que su renovación sale $8000 por el estampilladado.

A su vez, los conductores deben hacer cursos cada tres o cuatro años. “Son de supervivencia, RCP, control de multitudes y más. También Prefectura nos realiza inspecciones de rutina para chequear que tengamos todos los elementos en regla. Esa inspección puede llegar a salir $10.000 aproximadamente”, agrega Fede. Además de los papeles, Prefectura les exige rendir la zona de trabajo. “Podés rendir desde Saladillo hasta Baigorria. Si vas más lejos, para el norte, tenés que ir a rendir zona San Lorenzo”, explica el Sapito. Los entrevistados mencionan que la presencia de Prefectura también contribuye a definir las zonas para levantar pasajeros, como puede ser la bajada Escauriza o calle Ricardo Núñez dependiendo si el río está bajo o alto, como también el estado de los muelles, de los cuales suelen ocuparse de mantener ellos mismos.

Cómo sobrevivir en temporada baja

Según los expertos, la temporada alta va desde el inicio de la primavera hasta Semana Santa, por lo que surge la pregunta de cómo trabajan en invierno. “Hago excursiones de un día completo para grupos grandes”, responde el Sapito. Su propuesta es muy atractiva para celebraciones familiares, despedidas y cumpleaños. La oferta incluye un menú de asado, bebidas y ensaladas y además del servicio de baños químicos portátiles, mesa y sillas por un costo de 550 USD en grupos de hasta ocho personas. El tour incluye también un recorrido por las principales islas con un relato y explicación de la zona por su parte. Además, en caso de solicitarlo, también organiza excursiones de pesca o salidas nocturnas.

A diferencia del Sapito, Pepe y Fede viven en la isla, por lo que aseguran que el costo de vida es más accesible y no pagan alquiler en la ciudad. Pepe, por su parte, tiene el parador Rancho Aparte abierto todo el año, por lo que recibe visitantes cada día soleado: “Si me llaman grupos grandes para venir al parador, los voy a buscar. Además, ahorro en el verano para vivir en el invierno”, agrega Pepe.

Fede, a su vez, tiene una cabaña para alquilar todo el año en el mismo predio donde está su casa. También ofrece paseos de dos horas de duración por un costo de $30.000 por persona: “Es un recorrido para ver la ciudad desde el río y nos metemos en el Charigué para ver la escuela y las lagunas con irupés.”, comenta. Además, al ser residente de la zona, suele transportar a sus vecinos siempre que lo necesitan.

Por último, los tres conductores dicen amar su profesión, aunque sea muy exigida por momentos. Los tres son patrones y conductores de sus lanchas y no tienen personas que se las trabajen en caso de vacaciones o enfermedades. “He trabajado hasta con una bota porque me lesioné el tobillo”, concluye Sapito, mientras muestra orgulloso un video donde se lo ve pescando exitosamente con la muleta como caña.

Por Gala Décima Kozameh / La Capital

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